Criptografía

Curiosidad: Por qué la criptografía habla siempre de Alice y Bob

Quien se acerca a la criptografía descubre enseguida a dos personajes que aparecen en casi todos los manuales, artículos y exámenes: Alice y Bob. Alice quiere enviarle un mensaje a Bob de forma segura, Bob tiene una clave, alguien intenta espiarlos por el camino… La escena se repite hasta el infinito. Pero ¿por qué precisamente esos nombres? ¿Es solo que A va antes que B en el alfabeto, o hay algo más detrás? Spoiler: hay bastante más.

El debut: el paper de RSA (1978)

Alice y Bob nacieron en un documento muy concreto: el artículo de 1978 “A Method for Obtaining Digital Signatures and Public-key Cryptosystems”, firmado por Ron Rivest, Adi Shamir y Leonard Adleman. Es el célebre “paper de RSA”, piedra fundacional de la criptografía de clave pública y base de buena parte de la seguridad que usamos hoy a diario, desde la banca online hasta el correo electrónico.

Antes de ese artículo, lo habitual era de lo más sobrio: los criptógrafos se referían a quien enviaba y a quien recibía el mensaje simplemente como “A” y “B”, u otros símbolos sencillos. Un buen ejemplo es la famosa columna de Martin Gardner de 1977 que dio a conocer RSA al gran público: allí todavía no hay rastro de Alice ni de Bob. Gardner llamaba “A” y “Z” al emisor y al receptor y, como era costumbre en la época, se refería a cada uno con un anónimo “él”.

La clave no es el alfabeto: son los pronombres

Aquí está el detalle que mucha gente desconoce. La elección de Alice y Bob no fue un capricho ni mero orden alfabético: fue una decisión de diseño para hacer los textos más legibles.

El propio Rivest explicó más tarde que inventó los nombres para mantener el uso tradicional de “A” y “B”, pero haciendo mucho más fácil seguir a cada usuario a lo largo del artículo gracias a los pronombres “él” y “ella”. Y ahí está toda la gracia: Alice es “ella” y Bob es “él”. En un protocolo con varios pasos: ”ella le envía a él su clave pública, él la usa para cifrar y le devuelve…”, se puede seguir el hilo sin perderse. Con dos letras secas, “A le envía a B y B le responde a A”, el cerebro se atasca enseguida.

Convertir al emisor y al receptor en algo parecido a personas reales, con nombres reales, hizo la explicación mucho más didáctica. Y cuajó casi de inmediato: en pocos años, empezar un artículo de criptografía hablando de Alice y Bob se había convertido en una convención universal.

El guiño de cine

¿Y por qué esos nombres en concreto y no Ana y Benito? La hipótesis más repetida apunta a la cultura popular: la elección de los tres primeros nombres del reparto pudo inspirarse en la película “Bob & Carol & Ted & Alice”, una comedia estadounidense de 1969. Encaja bastante bien con el hecho de que, cuando hace falta un tercer y un cuarto personaje, suelan aparecer Carol y Dave.

Un reparto que no para de crecer

Una vez establecidos los protagonistas, la comunidad criptográfica fue añadiendo secundarios, casi siempre con un rol fijo asociado a su inicial:

  • Eve: la espía pasiva que escucha la comunicación, del inglés eavesdropper (fisgón).
  • Mallory: un atacante activo y malicioso (malicious), que no solo escucha sino que altera los mensajes.
  • Trent: una tercera parte de confianza (trusted) que arbitra entre Alice y Bob.
  • Carol y Dave: el tercer y cuarto participante cuando el protocolo necesita más gente.

Con el tiempo, este elenco protagonizó toda clase de escenarios imaginativos, hasta el punto de que existe una célebre charla de sobremesa de John Gordon que narra, con mucho humor, la “biografía” novelada de Alice y Bob como si fueran personajes de una historia de intriga.

Conclusiones

Alice y Bob son el ejemplo perfecto de una buena decisión pedagógica disfrazada de simple convención. No están ahí solo porque A vaya antes que B: están porque dos nombres con género distinto permiten usar “él” y “ella” y seguir sin esfuerzo quién hace qué en un protocolo. A eso se le suma, casi con seguridad, un guiño a una comedia de los años sesenta. El resultado es la pareja más famosa de la informática, que lleva más de cuatro décadas intercambiando mensajes secretos en cada libro de texto del mundo.

Image by Gerd Altmann from Pixabay

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Daniel Rodríguez

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Daniel Rodríguez
Tags: Curiosidades

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