Y llegamos al final de una serie que había programado para ser de tres entradas. Después de siete entregas dedicadas a los calzoncillos de Greenspan, las faldas de Wharton, los besugos navideños, las cementeras del milagro español, las fórmulas inflados de Civismo, los pesos arbitrarios de Hanke, las profecías autocumplidas de Soros y las medias geométricas del PNUD, esta octava entrega es deliberadamente más ligera. Hemos pasado por la antropología, la filosofía y la epistemología. Toca volver a reírnos.
Vamos a cerrar con un género que llamaré los récords con asterisco: cifras que el periodismo deportivo, económico y bursátil cita con cara de circunstancias como si fueran hitos históricos, y que en cuanto las miras dos veces se desinflan. Son récords si no preguntas mucho. El truco siempre es el mismo: una magnitud nominal sin ajuste, una serie agregada sin descomponer, un total sin denominador, un orden cronológico sin contexto. El titular brilla. El dato es una sombra.
A diferencia de los indicadores autocumplidos (parte 7), aquí no hay reflexividad sofisticada ni teoría. Aquí hay un periodista que necesita un titular de portada, un gabinete de prensa que necesita un éxito, y un lector que tiene tres segundos antes de pasar a lo siguiente. El récord con asterisco es el formato natural de ese ecosistema. Sale tan barato producirlo que sería imprudente no hacerlo.
Lo que sigue son nueve récords reales, publicados, citados con orgullo institucional o gloria deportiva. Y la pregunta cínica detrás de cada uno: ¿lo es realmente?
Tabla de contenidos
El titular: “El Ibex 35 cierra 2025 con su mejor año en décadas, sube un 49,27% y roza los 17.350 puntos, máximos no vistos desde 2007”. Publicado por Expansión, El País, El Economista y un largo etcétera el 31 de diciembre de 2025.
El dato real: efectivamente, el Ibex cerró 2025 en 17.307,80 puntos, después de una subida espectacular del 49,27% en el año, el segundo mayor incremento anual de su historia. Los analistas técnicos hablan de “territorio no visto desde 2007”.
El asterisco número uno (la inflación): el Ibex 35 cotiza en euros nominales. Cuando alguien dice “máximos no vistos desde 2007”, lo que está diciendo es que un Ibex de 17.350 puntos en 2025 vale en euros nominales lo que valía un Ibex de 16.000 puntos en noviembre de 2007. Pero los euros de 2007 y los de 2025 no son los mismos euros. Entre noviembre de 2007 y diciembre de 2025, el IPC español acumuló una inflación cercana al 38%. Es decir, para que el Ibex iguale realmente sus máximos de 2007 ajustados por inflación, tendría que estar por encima de los 22.000 puntos, no en 17.350.
Dicho de otra manera: el Ibex de 2025, en términos reales, está todavía un 22% por debajo de su máximo histórico. El “récord” del titular es un récord nominal en una moneda devaluada. Es como decir que has batido tu récord de altura porque te has medido en pies en lugar de en metros: el número es mayor, pero tú sigues midiendo lo mismo.
El asterisco número dos (los dividendos): el Ibex 35 es un índice de precios sin dividendos. Su primo, el Ibex 35 con dividendos (Ibex 35 Total Return), incluye los pagos. Y este sí está en máximos históricos absolutos. Los analistas serios miran el Total Return. Los titulares miran el desnudo. La diferencia entre ambos es la rentabilidad real de invertir en bolsa, que es precisamente lo que importa al inversor, pero el titular es más limpio sin ella.
El asterisco número tres (la composición): el Ibex 35 de 2025 no es el mismo Ibex que el de 2007. Han salido empresas como Altadis y Aguas de Barcelona, mientras que han entrado otras como Cellnex o Acerinox en proporciones variables, los bancos ya no pesan lo mismo, Inditex tiene un peso enorme. Comparar el Ibex de hoy con el de hace 18 años es como comparar dos equipos de fútbol que comparten escudo pero no jugadores. El número es el mismo. El índice, no.
El titular: “España bate récord en 2025: 96,8 millones de turistas internacionales y 134.712 millones de euros de gasto”. Publicado en febrero de 2026 por todos los medios económicos españoles y celebrado oficialmente por el Ministerio de Industria y Turismo.
El dato real: efectivamente, según el INE, España recibió 96,8 millones de turistas internacionales en 2025, un 3,2% más que en 2024, con un gasto acumulado de 134.712 millones de euros (un 6,8% más). El gasto medio por turista, en diciembre, fue de 1.514€.
El asterisco número uno (el gasto medio): 134.712 millones entre 96,8 millones de turistas dan 1.391€ por turista de media para el año entero. Suena bien. Hasta que descompones la media. Hay turistas británicos que pasan dos semanas en Benidorm con la pensión de jubilación y gastan 600€. Hay turistas estadounidenses que pasan cuatro días en un hotel boutique de Madrid y gastan 4.000€. La media los suma a todos y produce una cifra intermedia que no describe la experiencia de nadie. El “récord de gasto” puede estar tirado por arriba (más visitantes premium) o por abajo (más visitantes low cost en mayor volumen). La cifra agregada no lo distingue.
El asterisco número dos (la huella): 96,8 millones de turistas en un país de 49 millones de habitantes da una ratio de 2 turistas por habitante al año. Para que te hagas una idea, esto significa que en pleno verano hay regiones (Baleares, Canarias, Cataluña costera) donde la población temporal duplica o triplica la población autóctona durante semanas. El récord celebra el volumen sin contar el desgaste: vivienda turística, agua, residuos, presión sobre infraestructuras locales, alquileres de larga duración expulsados. Los costes de cada turista marginal no se restan del total. El indicador es un PIB sin amortización.
El asterisco número tres (la concentración): Reino Unido aportó 19 millones de turistas, Francia 12,7 millones, Alemania 12 millones. Es decir, 43,7 millones de turistas, casi la mitad del total, vienen de solo tres países. Si cualquiera de ellos sufre un shock económico (Brexit reforzado, recesión alemana, crisis política francesa), el “récord” se desploma instantáneamente. Pero el récord se cita como si fuera una conquista estable. Es una conquista frágil, y la fragilidad no aparece en el titular.
El titular: “España alcanza un nuevo máximo histórico de ocupados en el cuarto trimestre de 2025 con 22.463.300 trabajadores”. Publicado por el INE en enero de 2026 y celebrado por el ministro de Economía Carlos Cuerpo como prueba de la fortaleza del mercado laboral.
El dato real: el INE confirma 22.463.300 ocupados, máximo de la serie histórica, tras crear 605.400 empleos netos en 2025. La tasa de paro baja del 10% por primera vez desde 2008, hasta el 9,93%.
El asterisco número uno (la población activa): España tenía 19,3 millones de ocupados en 2007, con una población activa de 22,4 millones. En 2025 hay 22,46 millones de ocupados con una población activa de 24,94 millones. Ha aumentado la población activa en 2,5 millones de personas en 18 años. El “récord” de ocupados no significa que el mercado laboral sea más eficiente; significa que hay más gente intentando trabajar. Más motos en la carretera, más motos llegando a destino, pero el tráfico no es mejor.
El asterisco número dos (el empleo público): de los 605.400 empleos creados en 2025, 108.700 se crearon en el sector público. El empleo público ha alcanzado su máximo histórico con 3.641.400 empleados. Es decir, el récord general incluye una expansión sustancial del sector público. ¿Es un récord del mercado laboral o un récord de contratación administrativa? El titular no lo dice.
El asterisco número tres (las horas): un empleo a tiempo parcial cuenta exactamente igual que un empleo a tiempo completo en la cifra de “ocupados”. En 2025 los empleos a tiempo parcial crecieron en 30.700 personas y los a tiempo completo en 574.700. Bien. Pero el dato de horas totales trabajadas crecería bastante menos que el dato de “ocupados” si lo midieras así. El indicador correcto sería las horas trabajadas totales, que ya no daría record histórico sino crecimiento normal. Pero ese dato es aburrido.
El asterisco número cuatro (la composición): del récord de empleo, una parte significativa son trabajadores extranjeros (el 13,4% de la población española es extranjera, y crecen más rápido en empleo que los nacionales). Esto no es negativo, al contrario: es lo que ha permitido sostener el crecimiento. Pero contradice la narrativa nacional del “milagro español” que el titular implica. El titular dice “España bate récord”. El dato dice “los nuevos españoles baten récord para España”. Es otra historia.
El titular: “La Agencia Tributaria recauda un récord histórico de 294.734 millones de euros en 2024, un 8,4% más que el año anterior”. Publicado por El Economista,Business Insider y otros en abril de 2025.
El dato real: la recaudación de la AEAT creció efectivamente a niveles inéditos. Y el Gobierno lo presentó como prueba de la solidez fiscal.
El asterisco número uno (la inflación): la recaudación crece en euros nominales. Si los precios suben un 3% al año, la base imponible sube un 3% sin que nadie haya pagado más en términos reales. Cuando descuentas la inflación acumulada (2,8% en 2024, 2,7% en 2025), buena parte del “récord” es solo aritmética monetaria. El Estado no recauda más; recauda en euros más baratos.
El asterisco número dos (la no deflactación del IRPF): este es el delicioso. España no actualiza automáticamente los tramos del IRPF con la inflación. Cuando los salarios suben un 3% para compensar la inflación, el trabajador sube de tramo aunque su poder adquisitivo real no haya cambiado, y paga más impuestos sobre la misma renta real. Esto se llama progresividad en frío y, en los últimos cinco años, ha aportado decenas de miles de millones extra a la recaudación. El “récord” tiene padre, y el padre se llama “no tocar los tramos del IRPF”. No es un éxito de gestión: es un efecto contable.
El asterisco número tres (la población contribuyente): España tiene 2 millones más de habitantes que en 2019 (de 47 a 49 millones). Más habitantes, más consumo, más IVA. Más trabajadores, más cotizaciones. El “récord” se reparte entre más contribuyentes. La recaudación per cápita ha crecido bastante menos que el récord agregado, y la recaudación real per cápita todavía menos.
El titular: “El Real Madrid conquista su decimoquinta Copa de Europa, récord histórico absoluto del fútbol mundial”. Publicado cada vez que el Madrid gana una Champions, lo cual es razonablemente a menudo.
El dato real: el Real Madrid tiene 15 Copas de Europa / UEFA Champions League ganadas a junio de 2026, el doble que el segundo clasificado (AC Milan, con 7). Es el club más laureado de la competición sin discusión.
El asterisco número uno (la competición): las primeras Copas de Europa del Madrid (1956-1960) se jugaron en una competición que no incluía a varios países por Telón de Acero, donde los clubes ingleses todavía despreciaban el formato europeo en parte, donde el formato era de eliminatorias directas sin fase de grupos, con menos equipos y menos partidos. Ganar la Copa de Europa de 1956 y la Champions de 2024 no son la misma proeza deportiva, igual que ganar el Tour de Francia de 1956 y el de 2024 no son la misma proeza ciclista. El Madrid de Di Stéfano competía contra una Europa que no estaba toda en el torneo. El Madrid de Bellingham compite contra todos.
El asterisco número dos (los partidos): una Copa de Europa de los años 50 se ganaba con 7 partidos. Una Champions actual se gana con 17 partidos eliminatorios (sin contar la nueva fase liga inicial). La probabilidad de ganar bajo formatos tan distintos no es comparable. Sumar trofeos sin descontar la dificultad relativa es como sumar maratones y carreras de 100 metros y declarar campeón al que tiene más medallas.
El asterisco número tres (los rivales): el Madrid de Di Stéfano se enfrentaba en finales al Stade de Reims (Francia) o al Eintracht Frankfurt en formato amistoso casi. Hoy el Madrid se enfrenta a clubes con plantillas de mil millones de euros. La calidad media del rival ha cambiado tanto que las victorias no son comparables. Pero cuentan igual.
Lo curioso es que esto no quita mérito al Madrid actual. Lo que quita es la transposición lineal del récord. 15 no es el mismo número en 1960 que en 2026.
El titular: “El oro alcanza un nuevo máximo histórico por encima de los 5.500 dólares por onza”. Publicado por Bloomberg, Expansión y prácticamente todos los medios financieros a finales de enero de 2026.
El dato real: el oro tocó su máximo histórico absoluto de 5.589,38 dólares la onza el 28 de enero de 2026, según los datos. El metal cerró 2025 con una revalorización superior al 60%, su mejor año desde 1979, y solo en enero de 2026 ganó otros 27-28 puntos porcentuales. La fiebre fue propia de manual: dólar debilitándose, tensión geopolítica con la administración Trump, aranceles, inflación pegajosa y demanda inversora a través de ETFs que creció un 84% en 2025 hasta las 2.175 toneladas, según el World Gold Council.
El asterisco número uno (el récord real ya estaba batido antes): y este es el matiz delicioso. El máximo histórico nominal se viene batiendo casi cada mes desde finales de 2024. Pero el máximo histórico real (ajustado por inflación) era otro debate. La referencia clásica es el pico de 850$ la onza del 21 de enero de 1980, en plena fiebre de Hunt y crisis del petróleo. Ese máximo, ajustado a dólares de 2025, equivalía a unos 3.500$. El oro lo superó por primera vez el 7 de septiembre de 2025, según Investing News Network. Es decir, durante más de 40 años el oro había estado realmente por debajo de su pico de 1980, mientras los titulares celebraban máximos nominales mes tras mes. El verdadero récord histórico real lleva apenas medio año batido; el nominal lleva una década.
El asterisco número dos (las monedas locales): en términos de yenes, libras, rupias o reales brasileños, el oro lleva años tocando máximos históricos por la depreciación de esas monedas. El “récord del oro” en dólares de enero de 2026 es solo el último en llegar, después de pasar por todas las demás monedas. Decirlo así habría arruinado el titular: “el oro toca máximos en dólares después de hacerlo en las demás monedas relevantes”.
El asterisco número tres (la corrección instantánea): dos días después del récord, el 30 de enero de 2026, el oro cayó casi 500$ en una sola sesión, según el histórico de JM Bullion. Y en marzo de 2026, con el conflicto militar EEUU-Irán que paradójicamente fortaleció al dólar, el oro perdió más del 10% en un solo mes, su peor caída mensual desde junio de 2013. Es decir, el “récord histórico” del 28 de enero no aguantó ni 48 horas, y cuatro semanas después estaba muy por debajo. Pero el titular del récord vive para siempre en la hemeroteca. La caída no se titula con el mismo tamaño de letra.
El titular: “España exporta por valor récord, superando los 400.000 millones de euros”. Variaciones de este titular llevan apareciendo en la prensa económica española desde aproximadamente 2018.
El asterisco número uno (las importaciones): las exportaciones crecen. Las importaciones también. La balanza comercial neta es la diferencia entre ambas, y esa diferencia ha sido deficitaria en España de manera estructural durante la mayor parte de la última década. El “récord de exportaciones” se cita aislado. La balanza comercial neta no se cita casi nunca. Lo cual es elegir el dato bueno y olvidar el malo.
El asterisco número dos (la composición): una parte sustancial de las “exportaciones españolas” son reexportaciones: cosas que entran al país, pasan por aquí, y salen otra vez con valor añadido limitado. Esto cuenta como exportación. Pero no es “España vendiendo al mundo” en el sentido patriótico que el titular sugiere. Es España como plataforma logística, que es un papel económico legítimo pero distinto.
El asterisco número tres (los productos): una parte significativa de las exportaciones son productos energéticos refinados (España importa petróleo crudo, lo refina, exporta gasolina y diésel). El “récord” depende del precio del petróleo: cuando sube el barril, suben las cifras de exportaciones aunque el volumen físico exportado sea el mismo. Estamos exportando los mismos litros, pero los litros valen más en euros. Récord.
El titular: “La Seguridad Social cierra 2025 con un máximo histórico de 21,9 millones de afiliados”. Publicado por el Ministerio cada mes con variaciones.
El asterisco: lo mismo que con el empleo. La afiliación crece porque crece la población activa, porque entra población extranjera, porque se regulariza economía sumergida (cosa buena, conste). Pero el “récord” se presenta como prueba de fortaleza del mercado laboral cuando es principalmente un dato demográfico. Si dividieras afiliados entre población activa, obtendrías la tasa de empleo, que es lo que realmente mide el éxito del mercado.
El titular: “El Museo del Prado bate récord histórico con 3,5 millones de visitantes en un año”. Lo cita el Prado, lo cita el Louvre con 8 millones, lo cita el British Museum.
El asterisco número uno (el aforo): un museo tiene capacidad limitada. Si batió récord, significa que pasó más gente por la puerta. Pero no significa que la experiencia haya sido mejor. Más bien lo contrario: el visitante medio del Prado en 2025 ve la Gioconda en 7 segundos rodeado de 40 personas levantando móviles. El récord cuantitativo es a costa de la calidad cualitativa, y nadie lo descompone.
El asterisco número dos (el público): una parte enorme del crecimiento son turistas extranjeros que pasan 90 minutos en el museo como parte de un tour. No son visitantes en el sentido tradicional (alguien que va a ver arte). Son visitantes en el sentido aeropuerto: gente que pasa por una puerta. El récord trata a ambos igual. Las visitas no son ya el mismo concepto que cuando se inauguró el museo.
Si has leído los nueve casos, habrás notado que el patrón se repite con tres familias de truco:
Las tres familias comparten un truco común: eliminar el denominador o el contexto adecuado para conseguir el titular. Y las tres son tan habituales que se han convertido en el modo natural del periodismo económico y deportivo. No es mala fe; es ecosistema.
Ocho entregas. Más de veinte mil palabras. Decenas de indicadores diseccionados. Si has llegado hasta aquí, no me debes nada; te debo yo a ti agradecimiento. Y una conclusión razonablemente sintética para que la serie cierre con utilidad práctica, no solo con cinismo bien escrito.
Lo que me gustaría que te llevaras, después de todo este recorrido:
Si has terminado las ocho entregas y ahora frunces el ceño automáticamente cuando ves un porcentaje con dos decimales en portada, este bestiario habrá hecho su trabajo. Y si la próxima vez que oigas “récord histórico”, “media nacional” o “ranking mundial” tu primer impulso sea preguntar qué hay arriba y qué hay abajo de la división, el ecosistema te debe menos.
Buena lectura económica a partir de mañana. Y, si te encuentras un indicador particularmente disparatado que no hayamos cubierto, ya sabes: el bestiario está siempre abierto a nuevas especies.
Fin de la serie.
Nota: Las imágenes de este artículo fueron generadas utilizando un modelo de inteligencia artificial.
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