En las cuatro entregas anteriores recorrimos los disparates más folclóricos del género: faldas que predicen el ciclo, calzoncillos de Greenspan, besugos navideños, jamones ibéricos exportados a Shanghái. Eran indicadores con etiqueta de divertimento. Cuando alguien te dice “las ventas de pintalabios suben en recesión”, sabes que estás ante un cuento.
En esta quinta entrega entramos en territorio más serio y, por tanto, más peligroso: fórmulas que existen, que firma alguien con DNI, que se publican en informes con sello institucional, y que sin embargo dividen entre sí cosas que conceptualmente no se pueden dividir. La operación está bien hecha aritméticamente. El resultado es un número con dos decimales. Y no significa nada… salvo lo que su autor quiere que signifique.
Son las fórmulas peligrosas precisamente porque tienen aspecto de matemática. Cuando alguien te dice “el besugo ha subido un 21%”, sospechas que es un dato pintoresco. Cuando alguien te dice “el esfuerzo fiscal del contribuyente español está en el 40%, el más elevado de la zona euro”, crees estar ante una medición rigurosa. Y casi siempre no lo estás. Estás ante una división entre dos cosas que no se pueden dividir.
Vamos al catálogo. Todas las fórmulas que siguen están firmadas, publicadas y citadas regularmente. Los cálculos son reales. Los autores existen y tienen oficina. Solo hay un pequeño problema con cada una.
Tabla de contenidos
El Esfuerzo Fiscal de Civismo y compañía
Fórmula: EF = \frac{\text{Presión fiscal (\%)}}{\text{PIB per cápita (€)}} \times 100
Quién la publica: la Fundación Civismo. También se menciona en asesorías fiscales como Castellana Consultores o Arrabe Integra. La cifra de que España tiene el esfuerzo fiscal “más elevado de la zona euro” y que está “un 52% por encima de la media UE” circula en titulares cada año cuando se publican los datos de Eurostat.
Cálculo para España 2024 (presión fiscal 2024 publicada en el informe OCDE de diciembre 2025, PIB per cápita 2025): EF_{España} = \frac{36{,}7\%}{34.350 €} \times 100 \approx 0{,}107
El problema: mira las unidades. Numerador en porcentaje del PIB. Denominador en euros por habitante. Estás dividiendo un porcentaje entre euros, lo cual da “porcentajes por euro”, una unidad que no existe en ningún sistema métrico ni en ningún libro de termodinámica. Es como dividir tu temperatura corporal entre el saldo de tu cuenta bancaria y pretender que el resultado diga algo.
Lo verdaderamente divertido aparece cuando aplicas la fórmula a casos límite. Arrabe Integra publica el siguiente ejemplo en su propia web, sin ironía: “Imaginemos un país tipo España, con una presión fiscal del 35% y un PIB per cápita de 30.000. Y otro país cualquiera con una presión fiscal del 100% con una renta per cápita de 130.000. El esfuerzo fiscal del primero sería 0,116. La del otro país sería del 0,079.”
Es decir, según esta fórmula en un país hipotético que recauda el 100% del PIB de sus ciudadanos estos se “esfuerzan menos” que en España con su 37,5%, porque sus ciudadanos son más ricos. Si esto te suena raro es porque lo es. La fórmula está construida de manera que un país pobre con impuestos moderados aparezca más “esforzado” que un país rico con impuestos confiscatorios. Naturalmente, eso es exactamente lo que sus promotores quieren que aparezca.
Reducción al absurdo: apliquemos la misma lógica al deporte. \textbf{Esfuerzo Olímpico} = \frac{\text{Medallas obtenidas}}{\text{Renta per cápita}} \times 100
Cuba, con su renta baja y muchas medallas históricas, tendría un “esfuerzo olímpico” gigantesco. Mónaco, mucho menor. ¿Significa eso que los atletas cubanos se esfuerzan más físicamente que los monegascos? No. Significa que has elegido un denominador que produce el resultado que querías.
El indicador correcto: si lo que se quiere medir es cuánto paga el trabajador medio en impuestos, la cuña fiscal de la OCDE existe, se publica anualmente y es metodológicamente seria. Para España rondó el 39,5% del coste laboral en 2024-2025. Pero ese número no permite decir “España es un infierno fiscal“, así que los amigos del esfuerzo fiscal prefieren la división absurda.
La Deuda por Habitante del Instituto Juan de Mariana
Fórmula: D_{habitante} = \frac{\text{Deuda pública total (€)}}{\text{Población}}
Quién la publica: el Instituto Juan de Mariana, que cada año celebra el ”Día de la Deuda” (en 2025 cayó el 9 de diciembre). También la calculan oficialmente la Generalitat Valenciana, la Región de Murcia, las Illes Balears y prácticamente todas las consejerías de hacienda autonómicas en sus portales de transparencia. El titular “Al nacer, cada español ya debe 34.500 euros” apareció en El Cronista, El Mundo, ABC, Libre Mercado y Capital Madrid a lo largo de 2024 y 2025.
Cálculo para España 2025 (datos del Banco de España publicados el 31 de marzo de 2026): D_{habitante} = \frac{1{,}698 \text{ billones €}}{49 \text{ millones}} \approx 34.650 \text{ €/habitante}
El problema: los habitantes no son los deudores. La deuda pública la contrae el Estado como persona jurídica, con capacidad de recaudar impuestos durante décadas. Dividirla por la población —incluyendo bebés, ancianos sin patrimonio, parados de larga duración y residentes temporales— sugiere implícitamente que cada uno “debe” esa cifra. Como si tu hipoteca se dividiera entre el número de habitantes de tu portal y se les exigiera a tus vecinos.
Aquí viene lo bueno: Funcas, la fundación de las cajas de ahorros, ha publicado una crítica explícita del indicador. Dice literalmente: “no tiene mucho sentido utilizar indicadores de cuánto debe cada ciudadano e intentar asimilar esa cifra a la deuda que este pueda tener con su banco por el pago de su crédito hipotecario, por ejemplo”. El sector financiero español, que no es precisamente sospechoso de izquierdismo, considera el indicador absurdo.
Aun así, las comunidades autónomas lo publican oficialmente. La Generalitat Valenciana incluye en su portal de transparencia esta frase joya: “La deuda por habitante correspondiente a 31 de diciembre de 2025 es de 11.579 €/habitante. Esto supone que cada valenciano y/o valenciana debería destinar 11.579 euros para poder sufragar completamente la deuda autonómica existente.”
Cada valenciano y valenciana debería destinar 11.579 euros. Como si la Generalitat tuviera intención de pasarle la factura a cada habitante individualmente.
Reducción al absurdo: apliquemos la fórmula a otros pasivos colectivos. \textbf{Hipoteca Promedio} = \frac{\text{Hipotecas totales en España}}{\text{Población}}
Resultado: cada español “tiene” unos 12.000€ de hipoteca, incluyendo a quien no tiene casa, a los bebés y a los sin techo. Es matemáticamente cierto. Conceptualmente, vacío.
Variante todavía mejor: \textbf{Deuda Ojos Azules} = \frac{\text{Deuda pública}}{\text{Personas de ojos azules}}
Cada español de ojos azules ”debe” unos 240.000€. Tiene exactamente el mismo sentido que dividirla por habitantes: ninguno.
El indicador correcto: deuda / PIB. Para España, el 100,7% a cierre de 2025, según el dato oficial del Banco de España publicado en marzo de 2026 (un punto porcentual menos que un año antes, en el nivel más bajo desde 2020). El PIB es la base imponible potencial; la población no.
La Productividad por Hora del Consejo de la Productividad
Fórmula: P = \frac{\text{PIB (€)}}{\text{Horas trabajadas totales}}
Quién la publica: el ]Consejo de la Productividad de España](https://portal.mineco.gob.es/es-es/economiayempresa/ConsejoProductividad/Documents/Evolucion-productividad-hora-Espana_1999-2024.pdf), dependiente del Ministerio de Economía. La calculan también la Fundación BBVA, Funcas, Bankinter y básicamente cualquier análisis que pretenda mostrar que “España tiene un problema de productividad”.
El dato: la productividad por hora trabajada en España “pasó de ser un 12% superior a la media europea en 1995 a un 8% inferior en la actualidad”, según la Fundación BBVA. El Consejo de Productividad afirma que ha crecido solo un 0,6% anual desde 1996, frente al 1,1% europeo.
El problema más sutil del catálogo: la fórmula no es absurda en sí. Lo problemático es lo que esconde.
El numerador (PIB) incluye toda la actividad económica del país: amortizaciones del capital fijo, beneficios empresariales no distribuidos, producción del sector público (sanidad, educación, defensa), valor añadido imputado de la vivienda en propiedad, valor estimado del trabajo autónomo. El denominador (horas trabajadas) cuenta horas registradas oficialmente.
¿Qué pasa entonces? Que países con mucho empleo público de calidad (Francia) o mucho valor añadido financiero ficticio (Luxemburgo, Irlanda) parecen tener productividad altísima. Países con economía sumergida grande o trabajo informal abundante (España, Italia, Grecia) parecen tener productividad bajísima, porque su PIB oficial no captura toda la actividad, pero sus horas trabajadas oficiales tampoco.
María Jesús Fernández, economista senior de Funcas, lo dijo bien en El Independiente: “El PIB aumenta porque hay más gente produciendo, no porque cada trabajador produzca más”. Es decir, el problema español puede ser composición y no esfuerzo. La fórmula no lo distingue.
Lo más cómico es el ejemplo que da Bankinter en su propio blog: “Si en Alemania un incremento del 1% del PIB requiere incrementar el número de horas de trabajo un 0,53%, en España requiere un incremento del 1,17%. De lo que se deduce que los incrementos de productividad alemanes están condicionados por los incrementos de productividad por hora de trabajo… y en España, por el sudor de sus trabajadores“. Es un banco diciendo, con el gesto serio, que los españoles sudan más.
Reducción al absurdo: \textbf{Productividad Agrícola Por Turista} = \frac{\text{PIB agrícola}}{\text{Turistas}}
Cada turista que visita España “produce” 372€ de agricultura. Obviamente no produce nada, pero la división es válida y suena seria.
El indicador correcto: la productividad por sector o por rama de actividad. España no tiene un problema de productividad uniforme; tiene problemas concentrados en construcción, hostelería y comercio minorista, que son sectores intensivos en mano de obra. La fórmula agregada lo oculta. Eurostat publica datos por sector. Nadie los cita en titulares.
El PIB per Cápita en el Combate Político
Fórmula: PIB_{pc} = \frac{\text{PIB (€)}}{\text{Población}}
Quién la firma: el INE, Eurostat, el FMI, el Banco Mundial. Es decir, los buenos. El problema no es la fórmula, es cómo se usa.
El dato real: según los datos preliminares de Eurostat publicados en marzo de 2026, el PIB per cápita de España en 2025 fue del 92% de la media de la UE-27 en paridad de poder adquisitivo, una décima por encima del año anterior tras dos ejercicios estancado en el 91%. En cifras nominales, el dato del Instituto de Estudios Económicos sitúa el PIB per cápita español en torno a 28.320 euros, “más de 23 puntos porcentuales por debajo del promedio de la Unión Monetaria, que lo supera en un 30%”.
El problema: la fórmula está bien construida, las unidades cuadran, todo es razonable. Lo absurdo es la interpretación política que se hace de las variaciones. Aquí Funcas tiró del freno con un dato delicioso: desde 2019, el PIB español ha crecido un 27,1% nominal, pero el PIB per cápita solo un 22,6%. Descontando inflación, el PIB real ha crecido un 7,9% y el PIB per cápita un 3,4%. Menos de la mitad.
¿Por qué? Porque la población ha crecido. España incorporó dos millones de extranjeros entre 2019 y 2024. El PIB sube porque hay más gente trabajando, no porque cada trabajador sea más productivo. Maria Jesús Fernández, otra vez en El Independiente: “El PIB aumenta porque hay más gente produciendo, no porque cada trabajador produzca más”.
Pero entonces los titulares se enfrentan a un problema. Libre Mercado tituló en marzo de 2026: “El engaño del ‘cohete’ de Sánchez: el PIB per cápita de España se aleja de la UE desde 2018”. El Economista en febrero de 2025: “España se acerca a Alemania a toda velocidad y recorta la brecha de PIB per cápita en 3.000 euros en solo cuatro años”. El mismo país, los mismos datos, dos interpretaciones opuestas, según el sesgo editorial.
Aquí la fórmula no es el problema. El problema es que un dato agregado se presta a cualquier narrativa, porque cualquiera puede seleccionar el periodo, el comparador y la deflactación que mejor encajen con su tesis. La fórmula no miente; los titulares pueden mentir las dos cosas al mismo tiempo.
Reducción al absurdo: podríamos calcular la “altura per cápita”: \textbf{Altura Per Cápita} = \frac{\text{Suma de alturas de todos los españoles}}{\text{Población}}
Resultado: 1,72 m. Es una cifra. Es real. No significa que España “esté más alta” que Italia. Significa que en promedio los españoles miden eso. Igual que el PIB per cápita no significa que cada español “valga” 32.633€.
El indicador correcto: la renta mediana del hogar (en España, unos 22.000€ brutos anuales) y el salario más frecuente (cercano al SMI, 17.000€) describen mucho mejor cómo vive el hogar típico. Por eso casi nadie los cita: las cifras son menos espectaculares.
La taxonomía del error patrio
Estas fórmulas no son inventos de ningún becario despistado. Están firmadas por think tanks, asesorías profesionales, consejerías autonómicas y ministerios. Y todas comparten patrones:
- El cociente del titular político. Cuando dividir A entre B produce un número grande que avala tu tesis (esfuerzo fiscal, deuda por habitante, deuda por pensionista), publica. Si produce un número pequeño, busca otro denominador. La fórmula es la posición.
- El denominador acusador. Dividir la deuda total entre un subgrupo concreto (pensionistas, funcionarios, jóvenes) atribuye implícitamente la responsabilidad de la deuda a ese subgrupo. La aritmética no lo hace; la elección del denominador sí.
- El agregado sin contexto. PIB per cápita, productividad por hora, salario medio: fórmulas correctas que ocultan la composición. España puede tener productividad baja porque sus sectores son intensivos en trabajo, y eso no es un “problema de esfuerzo” sino de estructura económica. El agregado no lo distingue.
Una caja de herramientas para el lector español
Cuando te encuentres una de estas fórmulas en un periódico, prueba estas cuatro preguntas, condensadas para tu próxima discusión de bar:
- ¿Qué hay arriba y qué hay abajo? Si las unidades no encajan, lo que sale no significa nada aunque tenga decimales.
- ¿Quién aparece como deudor o esforzado? Si el indicador atribuye responsabilidad a un grupo concreto cuando esa responsabilidad es colectiva, sospecha.
- ¿La fórmula sobrevive a la reducción al absurdo? Si puedes proponer una versión paralela igual de válida que dé un resultado ridículo (deuda por persona con ojos azules, productividad agrícola por turista), la original también es ridícula.
¿Existe un indicador correcto que no se cita?
Casi siempre existe, casi siempre lo publica Eurostat o el AIReF, casi nunca aparece en titulares. La ausencia es la pista.

Conclusiones
El verdadero problema de estas fórmulas no es que sean falsas. Es que producen titulares mientras los indicadores correctos no. Cuando Civismo publica el esfuerzo fiscal, hay portadas. Cuando Eurostat publica la cuña fiscal, hay un pdf en una página del ministerio. Sí el IJM publica la deuda por habitante, hay tertulias. Cuando el AIReF publica proyecciones de gasto en pensiones, hay sueño.
Mientras la prensa económica se mida por clics y los lectores prefieran un titular alarmante a un análisis denso, las fórmulas disparatadas con DNI seguirán publicándose, comentándose y configurando el debate público. La única vacuna que conozco es enseñar a mirar las unidades arriba y abajo de la división.
Es decir: lo que estamos haciendo aquí.
Nota: Las imágenes de este artículo fueron generadas utilizando un modelo de inteligencia artificial.

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